miércoles, 6 de mayo de 2015

Ártico

Decidí entrar en ese vagón como si fuera un acto reflejo.
Mentiría si dijera que fue un hecho totalmente premeditado, porque no lo fue. Volvió esa sensación de seguridad ante lo incierto y decisión ante lo efímero. Como si no fuera consciente de qué es lo que aguardaba en mi destino, salvo una sonrisa y un beso suplicando una disculpa.

A partir de ese momento, todo parecía precipitarse hacia un vacío que me llenaba por completo. Un paseo que no necesitaba ni conversaciones, ni silencios. Rodeado de un espectáculo arquitectónico, acabé recostado sobre la pieza más vanguardista. Seguí sus curvas como una hoja de ruta, deseando llegar el momento de perderme y prescindir de esa referencia. Su piel de canela y sus ojos, dos centellas, me dejaron adormecido bajo la tenue luz de una llama, atrapada en cera, que luchaba por escapar hacia el cielo.

Comprobé cómo se quemaban mis entrañas ante tu insistencia. Sin querer dejar tus labios, afincando residencia, cerré los ojos, desesperado, esperando a que mis pulmones respiraran. Las mañanas amanecían terminando; las tardes salpicadas por el olor a hierba y  el desgarro de un saxo; las noches se eternizaban imaginando un vals entre tus brazos.

Acabé fulminado. El calor de tu cuerpo terminó por hacerme viajar al Círculo Polar, vencer el frío, y derretir el Ártico.




domingo, 19 de abril de 2015

Narcótico

Había vivido una especie de letargo mental que me había impedido recuperar parte de lo que consideraba mío y había decidido esconderse para no seguir siendo herido. Cuando murió marzo, un impulso recorrió mis entrañas y se fundió con la fugacidad de un momento que había imaginado imposible.

Ella, como no podía ser de otra manera, me esperaba con los pies cruzados, bajo mi impuntualidad, sentada en un banco. Con una imagen primaveral, y una primera impresión que reafirmaba mi curiosidad,  paseamos, hablamos, reímos y los compromisos más banales apartamos.

Empezaba a fascinarme la facilidad con la que olvidamos los almuerzos y cenas canceladas, los cumpleaños solitarios o las numerosas rosas enviadas e injustificadas. En ese momento el tiempo se dinamitaba y el agua parecía caer más despacio de las fuentes. El aire fresco limpiaba los pulmones de la ciudad y los pájaros saludaban desde las copas de los fresnos.

Entre la sed que nos recorría y el sol abrasador, recostados en un montículo de hierba húmeda, decidimos que era el momento de repasar meticulosamente nuestras lecciones de vida. Una experiencia tras otra culminaba una historia apasionante y la emoción de un beso instantáneo me golpeaba con fuerza.

Los ritmos caribeños, a modo de timbales y percusión, nos sumieron en un estado narcótico que duró varias horas. Así, con los ojos cerrados interrumpidos por miradas pasajeras, aprendí que hay emociones que no tienen límite y que cuanto más profundo buscas una respuesta, más desconcertante puede parecer la explicación.


Dejé de pensar y volví a mirar sus rasgos amables.
Una cometa nos sobrevoló.

jueves, 9 de abril de 2015

Honey

Cuando estás acostado frente a sus ojos, lo único que puedes hacer es callar y dejarte llevar.

Viví con esa sensación incluso en el momento en que tuvo que marchar. Y después de ese instante, cuando te alejas de algo tan intenso, te das cuenta de lo mucho que ha quemado su impronta sobre tu piel.

Era un misterio poder descubrir sentimientos tan profundos a través de una mirada y una caricia de sus dedos. Como si nuestras almas fueran transparentes y supiéramos leer lo que necesitaban para revolverse de agitación.

 No sabía que algo así pudiera existir, ni que pudieran conocerse tan sutilmente las emociones con sólo mirar su iris al sol. Y me sorprendía porque ella lo veía todo con esos ojos de miel, me descifraba como yo hacía con los versos y las poesías.

Esa chispa abrumadora que me sacudía se sobredimensionaba con cada beso. Me sentí inconformista, atrevido, egoísta. No se puede engañar al corazón, ni se puede ocultar una fuerza tan consentida.

Todavía conservo el olor, el sabor y el tacto en la penumbra.
Todavía me perdería en cualquier parte, si tú quisieras acompañarme.


lunes, 16 de marzo de 2015

A dentelladas

Así es como se llenó la cabeza de sueños profundos y sensaciones, de cometas voladas sin cuerda , viajes espaciales y futuribles. Todo lo que había imaginado quería tenerlo y lo acariciaba con la punta de los dedos, pero siempre volaba ese perfume lejos de su alcance y él debía aceptarlo porque nunca firmaba contratos, ni era propietario de esas ilusiones.

Ese querer y no poder, o esa insistencia enfermiza por  buscar los retos más difíciles lo convirtieron en un experto pedagogo. Bueno en la retórica y en la expresión, comprensivo y empático, pero a su vez cautivo de sus experiencias. Incapaz de aceptar con naturalidad el abandono o la derrota para reconducirla a un nuevo compartimento marchito del corazón.

Y es que vivía a base de fugacidades, como si fuera a explotarle en la mano esa válvula de la vida que no le dejaba descansar con su imperioso latido. Era un termómetro de las emociones, capaz de hacerle sudar para recordar o enfriar para olvidar una respuesta de esa boca consentida.

Vaya sabio. Vaya maestro del fracaso. Sabía desentrañar con excelencia lo ajeno, pero acababa desesperado con su propia vida. Sentía en su piel esa debilidad de aquel que protege  una fiera que no lo necesita, y por ello pensaba que los bozales no eran necesarios pese a acabar con el alma desgajada a dentelladas.

Mantiene las heridas, aunque poco a poco cicatricen, pero la mirada oscura de esa bestia sigue persiguiéndole en sus pesadillas. Y sus sentencias desaforadas caen resbalando por sus mejillas y su pecho como una bomba de relojería, a punto de estallar en el momento en que cierre los ojos y acepte que ella renunció a lo que él más añoraba.


domingo, 15 de febrero de 2015

Finisterre

Desde el viejo faro apagado casi no se escuchaba nada. Sólo un suspiro de lluvia y un rugir de bestia que se atenuaba cada vez que la espuma salpicaba las piedras, caídas, de los acantilados.

Era el mes de febrero. La noche cubría el cielo y la mitología celestial quedaba atrapada bajo un manto de nubes que aclaraba la oscuridad con un gris tormentoso.

Habían caído unas gotas por la tarde y todo estaba mojado. Nos  habíamos precipitado a ese rincón de la bahía buscando un cobijo, aprovechando que yo ya conocía la vieja puerta de madera, de la parte de atrás, que siempre quedaba abierta.

Estábamos solos. Me quité el abrigo, los zapatos, los calcetines, y así, hasta quedarme en lo mínimo exigible. Me cubrí con una manta. Ella hizo lo mismo. Estábamos empapados, y nos vimos en una situación grotesca y entrañable.

Tapados con ese grueso testimonio de lana, lejos del puerto y sin esperanza de que amainara, decidí mirar su silueta entre las sombras. Apretabas tu pelo para liberarlo del agua con cuidado de que la manta no se te escurriera. Qué inocente parecías.

Te observaba fijamente. Estudiándote. Queriendo decirte tantas cosas innecesarias.
Temblabas de frío y te recostaste para apoyarte en mis rodillas. Así era más fácil ver la forma de tus pómulos, ligeramente preocupados, o la silueta de tus labios, aún mojados.

Tú me miraste, y sonreíste por la estupidez de las casualidades. Tenías una mirada profunda, que envidiaba y deseaba saber qué es lo que quería decirme. Yo no podía hablar esa noche, ni quería entender lo que decías. Sólo podía mirarte.

Te incorporaste y tu frente se apoyó sobre la mía. Un calor frío me estremeció y me recorrió súbitamente. Parecía que el oxígeno desaparecía. Yo sólo cerré los ojos, tú sólo suspiraste.


miércoles, 4 de febrero de 2015

Búnker

Estoy en medio de una guerra que no puedo parar.

Llevo días oyendo las sirenas de alerta,
viendo cómo los aviones de combate sobrevuelan el cielo,
sólo buscan supervivientes.

Quizá yo sea uno de ellos,
uno de los muchos que se debate entre un conflicto,
pero que no tiene ni armas, ni tanques.

Cada noche me disparan,
las balas penetran limpiamente,
y se quedan guardadas en alguna parte de mi mente,
sin poder encontrar la forma de sacarlas.

Toman forma de recuerdos,
de imágenes de desolación,
de lágrimas, de lluvia,
de respuestas sin solución.

Vuelvo a escuchar el silbido de las bombas.
Sé a dónde se dirigen, y yo no puedo hacer nada,
quizá esperar a recibirlas,
quizá recibir la estocada.


Aguardo en silencio, como siempre he hecho,
escondido, entre el pasado y los sentimientos.
Observando cómo poco a poco te difuminas,
agrandando esa herida que brota de mi pecho.

lunes, 26 de enero de 2015

Victoria de Samotracia

Sigo sin poder ver una foto tuya.

Me estremezco cada vez que imagino esa sonrisa inexistente, o esos ojos almendrados que brillaban solos y significaban tanto.

 Se me hace un nudo en la garganta que me impide gritar, pensar, imaginar, y sólo la nostalgia  es capaz reconducir mi mente y olvidar una realidad desinteresada.

Soy una persona muy orgullosa. Y todo lo que he hecho por ti, todo lo que te he dado, ha sido tanto, que irremediablemente, llevas una parte de mí.  

He confiado más en ti que en mí mismo. Te he dado los ánimos que yo no tenía, las ganas que yo no tenía, el amor que ya no tenía. Aunque la situación fuera la más adversa del universo, lo hice.

No me rendí, nunca abandoné, y pese a recibir esas heridas que me desangraron lentamente, continué ciego hacia ti. Como si eso fuera a matarme, como si tus labios fueran a acogerme.

Era triste. Era un triste iluso y soñador que imaginaba que la vida era bella, que las personas eran bondadosas, y que con cariño todo podía solucionarse.


Creí en ti, como nunca había creído en mí. Desee tanto tu felicidad, que acabé por perder la mía. Fuiste el claro reflejo de un ángel que se había petrificado. Un hermoso ángel que admiraba, con mirada serena, pero con un corazón destrozado.



martes, 13 de enero de 2015

Voltaje

Estoy cansado de las emociones.
Me alteran y me dejan fuera de combate.

La tranquilidad se rompe en sus inoportunas apariciones,
la tierna pasividad de la mente se recrudece en cada ataque.

Cada vez me explico menos por qué siento ese voltaje que nace entre mis dedos,
y va a morir en alguna parte entre los pulmones.

No soporto esa carga incendiaria que me convulsiona.
Ese estado latente que cuando viene desaparece.

Dichoso el que crea en la persistencia de la memoria,
ella sigue ahí, y yo no encuentro medicina para aliviarla.

domingo, 4 de enero de 2015

La Bestia

Pasas a otra dimensión, aprietas los ojos y los dientes, notas cómo la cabeza se acelera, cómo los pensamientos recorren tus pupilas, esos recuerdos, esas frases que te marcaron la vida. Son sentencias que te sentencian, quemaduras que se tatúan en tu nuca y despiertan tu ferocidad. Los ojos languidecen, los músculos se tensan, las uñas se clavan en la palma de tu mano, se entrecorta la respiración y frunces el ceño. Enseñas los dientes, eres una especie de ser salvaje. Quieres gemir, quieres gritar, pero no decir ni una palabra, sólo un aullido que te libere, que permita soltar las lágrimas que te quedan. Un grito que se oiga a miles de kilómetros y que te transforme de nuevo en esa persona segura de sí misma, que cree en los imposibles. Golpeas el suelo con la insistencia de un loco, sin dudar en que ahora lo eres en cierto modo. La furia de ese animal se calma, la respiración se relaja. Caes al suelo rendido, cae la bestia que vuelve a dominar tu mente.


jueves, 1 de enero de 2015

Herrumbre

Estoy cayendo,
como los grandes héroes que cayeron luchando por su reino,
como los valientes soldados cuando dispararon por la libertad,
como los guerrilleros que asaltaron a los atracadores por la paz,

pero yo no soy un hombre de honor,
no llevo uniforme,
no tengo bandera que defender,
no puedo gritar a mi enemigo..

Doblé la espada con la que ensamblar,
mojé la pólvora con la que disparar,
perdí la identidad que me distinguía
y sin embargo ahí seguía en medio de ese conflicto  intratable.

Dueño de mí mismo, sin ser capaz de manejar una situación tan inestable,
y ante ese dolor que no me dejaba limpiar mis heridas de sangre,
ni limpiar mi rostro de hollín ni cenizas,
abandoné mis armas colmándose de herrumbre.


Estoy cayendo, mi coraza se desvanece.  


sábado, 20 de diciembre de 2014

Voluntad

La voluntad es aquel acto que emana con rotundidad del interior de alguna parte de nuestro cuerpo.

Y sin voluntad me toca seguir caminando por este solitario desierto.
cansado de andar, de buscar una fuente o algo de vida que me mantenga despierto,

No soy un simple viajero, no hago más que vagar por páramos inciertos.
y pese a todo, mi confusión, mi ofuscación y mi descaro, no quita arrepentimiento,

pues todos esos soles que pasan, todas esas gotas que empapan, sólo rompen los cimientos,
de un ser débil y vulnerable que mira al pasado y al futuro con sensible desconcierto.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Lejos de los ojos, lejos del corazón

Te sientes ahogado, en un mar revuelto,
hay tempestad, marea, viento.
Estás abrumado por una emoción,
un lamento que recorre todo tu cuerpo.
Te sientes indefenso, como un animal acorralado, 
sin aire, sin luz, mirando cómo el invierno devora parte del pasado.

Las hojas de los árboles caen, todo se tiñe de un tierno anaranjado.
Se parece a las lágrimas que recorren tus mejillas hasta perderse, mojadas, en los labios. Nunca me gustó esa estación.

Ya no recuerdas que tu otro nombre era ausencia,
y que pasé parte de mi vida imaginando que llegabas y te quedabas.

Te quedabas en esas noches oscuras, donde nunca estabas a mi lado, 
en aquellos paseos por el atlántico, sin lluvia, sin helados.

Te quedabas cada vez que había tormenta,
y cada vez que hacíamos hogueras en la playa.

Te quedabas durmiendo inocente,
 hasta tarde, en mi cama.

Pero eso sólo pasaba cuando te quedabas,
tenías razón en lo que decías. 

Lejos de los ojos, lejos del corazón.


sábado, 13 de diciembre de 2014

Te escribo a ti porque no sé a quién más escribir

Te escribo a ti porque no sé a quién más escribir

Las palabras se me quiebran, cada vez que intento expresarte lo que siento. La voz me tiembla, mi mente mide cada una de las sílabas con las que intento atemperarte. Eras capaz de dar la vuelta a una situación desfavorable, hacerme sentir culpable de una herida que tú me habías hecho. Me autodestruías. Escribo, porque no tengo otro modo de poder decir lo que debo, ni lo que mis entrañas me gritan de madrugada.

Te lloro porque no sé a quién más llorar.

Porque fuiste la primera en oír mi llanto, en sofocarlo, en transformarlo en una sonrisa y, a la vez, fuiste la última en provocarlo, en escucharlo, en  encenderlo y transformarlo en una condena que pesa, en una cadena que arrastro y que no me deja pegar ojo. Mi mente funciona como un sistema soviético, la producción prima sobre el individuo, tal como mis pensamientos como fin último, se incrustan y deambulan por  mi cráneo. Lloro, aunque eso me lleve a la desesperación.

Te quise porque ya no sabía a quién más amar.

Porque soy incapaz de dejarlo todo, de olvidarlo, de odiarlo, de quemarlo. Porque Pandora creó la mayor maldad de la humanidad, eso que llaman esperanza, y que lo único que hace es alargar la agonía y el tormento de los hombres. Me gustaría saber por qué me estremezco cada vez que veo una foto tuya o cada vez que pienso en los días que necesitaría para caminar hasta tu casa.


Te grito  porque necesito que me escuches.
Te grito porque yo ya ni me oigo.

martes, 18 de febrero de 2014

Historias para no dormir

Tus suspiros empujan las cartas que nunca me atreví a enviarte.
Tenía tanto miedo a mirarte que caminaba por las calles con los ojos vendados
Sabía que podías enamorarme.

Aquel sábado bailabas descalza un blues de madrugada.
Yo intentaba poner palabra a tus movimientos, pero sentía punzadas en mi pecho, como si me consumieras con tu deseo. Eras pura poesía y seducción.

La música siguió sonando, pero para nosotros hacía tiempo que ya estaba parada. Estábamos solos en medio de la nada, como si nuestras miradas furtivas no hubieran sido una simple casualidad.

Y todo comenzó a difuminarse y el alcohol fluyó por nuestras gargantas quemando nuestras ansias de vivir, nuestras penas, nuestros versos. Nos buscamos para acabar con ese fulgor que habíamos creado..

..y acabamos mirando el cielo contando historias para no dormir.

martes, 28 de enero de 2014

Te quiero a ti

Despierto y te encuentro embadurnada en tus pensamientos. Son ideas anodinas, imaginaciones de herrumbre que emborronan tu mente y tus recuerdos.

Eres un ser delicado. Tu aspecto no es peligroso, ni siquiera tu apariencia es engañosa o distorsionante, más estás cubierta por un veneno que te enferma lentamente.

Cuando estás sentada y me miras se me cae el alma. Me derrito. Tienes ese poder, esa capacidad o esa ventaja. Tienes la ventaja de conocer mis sentimientos y mis lágrimas.

Tienes un aura que se extiende por tu burbuja. Tienes una visión sombría de tu cuerpo, pero en realidad yo creo que tus musas son alegorías inexistentes, fuera del mundo real.

Con cada paso que doy me acerco más a ti. No me prestas atención, sigues reflexionando sobre el todo y la nada, y en un esfuerzo de comprenderlo acabas agotada.


Toco tus piernas, acaricio tu ombligo y caigo en tus encantos. Sigo explorando lo inexplorable y llego a tu espalda, tus hombros, tus manos y tu cuello.

Decido relajarme y dedicar algo más de tiempo a aquella zona en la que una cuchillada puede ser mortal. Te beso despacio dejando que mi veneno se introduzca en tu piel.

Quiero hacerte mía, entrecortar tu respiración y dejarte muda.

Te quiero a ti.


sábado, 11 de enero de 2014

Cuando llueve

Cuando llueve escribo. Cuando escribo llueve.

Me quedo en un rincón, donde nadie pueda verme a observar.
La gente parece tener prisa cuando llueve y ser especialmente torpe.

A los hombres de gabardina y sombrero el periódico se les moja.
A las mujeres con tocado los guantes no les dejan abrir sus bolsos
Los escolares acaban con los zapatos mojados a la altura de los tobillos..

Hago un dibujo de una pareja que posa con paraguas en el puente de la ciudad a punto de desbordarse. Los dibujos ayudan a ilustrar mis historias.

Las calles están inundadas, pero la actividad no cesa.
Los vecinos han sacado sus barcas y pasean haciendo su vida  normal.

Todos visten de traje y elegancia, todos hablan con un refinamiento decimonónico, todos portan reloj de bolsillo, firman con pluma y abren su correspondencia con abrecartas.

Pienso en el niño que limpia zapatos en la calle de la estación. Se ha quedado hoy sin trabajo. La lluvia ensuciaría el calzado de su clientela al minuto.

El cielo está cubierto. Aunque las nubes son claras el humo de las fábricas inunda y ennegrece la ciudad es la hora del almuerzo. Los trabajadores salen con sus fiambreras a tomarse un sándwich y una fruta. Sus caras están llenas de hollín, sus manos son fuertes y vigorosas y su aspecto es alegre pero con un cierto tono decadente.

Los comercios ya han abierto en la zona alta de la ciudad.
La mujer de las mejillas sonrosadas se acerca. Es hora de dejar de escribir.

viernes, 3 de enero de 2014

Cicatrices

La paciencia me ha acompañado a lo largo de la vida pero aquel viaje estaba acabando conmigo.

Olvidé el cansancio, el sueño, el dolor de cabeza y me acomodé en pensamiento de sosiego y calma. No paraba de repetir en mi mente “sólo debes esperar a ver el mar cuando mires hacia el este”, pero las estaciones pasaban y el mar no llegaba.

Estaba nervioso. No dejaba de imaginar e imaginar, de pensar en los próximos días, en las emociones, las miradas, las sonrisas y los viajes. Llegué algo confuso, preguntándome qué hacía yo allí y por qué estaba tan lejos de casa.

Mi mente se quedó en blanco cuando me sorprendiste en el andén mirando tus fotos. Te noté mucho más mayor, pero aún con los rasgos de niña traviesa que siempre te acompañan.

No dijiste absolutamente nada, permaneciste dos segundos mirándome con gravedad y después te precipitaste contra mi pecho como si hubieras perdido una parte de tu interior que necesitabas recuperar. Nos abrazamos en secreto.

Las fotos, los cementerios, las playas y las canciones, las prisas, los billetes de autobús, las luces y los mercadillos, los jabones, las tarjetas, las idas y las vueltas fueron detalles que nunca olvidaré.

Me sigues a todas partes, estás en mi mente y en mis pensamientos, eres mi idea y mi único argumento, un diálogo inacabado, que yo te buscaré un final junto a mí.
Tus caricias siguen grabadas como cicatrices en mi piel.




lunes, 9 de diciembre de 2013

Natura

Los días pasan y el frío empieza a corroer la esperanza con la que estoy obligado a coexistir. Me gustaría abandonarme a mí mismo, ser libre para pensar y dejar a un lado los convencionalismos, las sonrisas de cortesía, las palabras vacías o los lugares sin nombre.

Necesito recordar quien soy, de dónde vengo, cómo llegué aquí a fin de recordar mi vida, mi historia y mis derrotas. Ando perdido, no me reconozco ni a mí mismo, siento vergüenza, expectación e intriga. No sé de lo que soy capaz de hacer, ni siquiera sé si soy peligroso. Temo perderme y no encontrarme, no recuperar nunca mi esencia, aquello que me hizo ser como soy y pensar como pienso.

El viento se ha llevado mis recuerdos y sólo soy capaz de mirar al presente porque el futuro me asusta. Me desconsuelo, soy caprichoso y testarudo, no quiero escuchar a nadie porque me harán daño, me harán despertar de mi sueño. Hablarán de cosas importantes, obligaciones, responsabilidades, no tolerarán que me marche, ni que olvide sus mandatos. Creen que lo que ellos dicen es la única verdad y se equivocan. Yo no necesito nada, sólo necesito que no me acosen más, que dejen de atosigarme, que me dejen descansar. Escucho sus voces mientras duermo, incluso en sueños no puedo librarme de ellos. Me siguen y me persiguen, pero cuando vuelvo la mirada me encuentro sólo en el bosque, cara a cara con mi locura y mi irracionalidad.

No puedo quejarme de nada, debo aceptar mi situación, si no quiero escucharles debo abandonarles y mirarme a mí mismo. No sé en qué año estamos, ni siquiera sé la edad que tengo. Llevo años siendo un viejo huidizo, mi mayor triunfo fue asumirlo. Pero no me importa, sé que algún día todo acabará. La solución no es la tristeza, sino la aceptación de la voluntad. Cuando consiga retirar los árboles que me impiden ver el destino, quizá pueda ver la paz reflejada en el agua cristalina.


jueves, 21 de noviembre de 2013

Atlas

Hay veces que me siento como el mismísimo Atlas, cargando con el mundo a su espalda. De hecho cargo cosas mucho peores que el mundo. Emociones.

La culpa que me condena y que me hace recorrer lagos de lágrimas se manifiesta con una realidad feroz. Apenas puedo disimular mi angustia en dos leves parpadeos que me hagan olvidar la silueta de la desolación más oscura.


Me siento abatido, me siento desgastado, desfondado, reseco y deshidratado. No sé por qué más llorar, no sé qué más hacer, no sé qué más escribir.


La sangre conduce furia desocupando de oxígeno mi cuerpo y me ahogo en aire puro. Veo desaparecer las luces que alumbran mis ideas y son sustituidas por intuiciones, por intenciones que inundan mi mente, mis ojos y por último me inundan a mí.


He olvidado el alma en alguna parte de tu corazón. He perdido el aire para hincharla. He perdido de vista la estrella polar. Hay demasiadas nubes en el firmamento.

Sigo guiándome por los vientos.

Aquellos que me ayudarán a encontrar el aire, aquellos que me empujaron hacia ti y que volverán hacerlo hasta el resto de mi vida.


jueves, 7 de noviembre de 2013

Suspiros de luna llena

He llegado hasta tal punto de selección que he sido capaz de guardar cada uno de tus recuerdos en mi mente. Estás ahí, no desapareces. Sigues sentada, en silencio, en mis pensamientos, mirándome con los ojos abiertos y con esas facciones de ángel que llevas pegadas al rostro.

Eres tan real en mis sueños que casi lloro cuando me despierto. Las personas como yo somos un poco necias cuando pretendemos recordar nuestros sueños pero tú no te vas de mi cabeza, incluso tu figura cobra fuerza y se desliza entre las sombras hacia mí.

La luz de las velas me recuerda siempre a tu cuerpo desnudo, tu respiración fuerte y entrecortada, tus suspiros de luna llena.
Las noches saben a talco y a vainilla y desvelan el amor más puro que jamás haya p
odido sentirse. 
Las caricias exploran la superficie de tu piel y mueren en tus labios. Recorren tu pelo, tus mejillas y se dejan abandonar en tus piernas y en tu vientre.

Te he observado dormir hasta altas horas de la madrugada. Hablabas mientras dormías, intentaba descifrarte, pero eres tan compleja. Me pareces una criatura vulnerable, delicada, como un gran tesoro de cristal que no puedo dejar que se rompa. Te cuido, te abrazo y vigilo. Eres lo más valioso que tengo.

Tu tez blanca, nívea, me recuerda a los gélidos escalofríos que siento cuando me rozas con las yemas de tus dedos. El pulso se me acelera y los ojos se me cierran.

Cada vez creo con mayor seguridad que eres una mera invención, un ser imaginario e inimaginable. Una ilusión que me persigue y me causa fiebre y sudores. Una obsesión a la que no puedo abandonar ni aún estando despierto.