lunes, 15 de febrero de 2010

Veintisiete escalones


Me desperté con el incesante y casi inapreciable repiqueteo de las gotas de lluvia en mi ventana. Sonreí. Me encantan los días lluviosos, ese olor a humedad en el ambiente, esa despreocupación total que tienes al mojarte mientras paseas, te sientes...no sé...libre.
Me vestí rápido y bajé rápidamente a desayunar, por poco me atraganto con las galletas integrales que tanto me gustaba saborear, pero hoy no había tiempo, quería volver allí de nuevo. Así que dejé mi tazón de leche sin fregar y las migajas de galleta sin recoger encima de la mesa, me lavé los dientes rápidamente, me arreglé mi pelo con una sencilla diadema y me perfumé. (Tenía que estar presentable). Maquillaje no, no me gusta demasiado, simplemente un poco de sombra de ojos y lista.

-¿Cómo me ves? Pregunté a mi gatita que estaba medio dormida en el sofá

Ella me miró abriendo un ojo y bostezó, después añadió “miau” y siguió durmiendo

-Ains, gracias. Te quiero, le dije cogiéndole la cabecita y besando su frente.
Que mona era mi gatita siempre ^^

Casi olvido las llaves al salir precipitadamente de casa, bajé las escaleras del piso de dos en dos y me apresuré a iniciar mi nueva aventura. Cuando salí a la calle me acordé que llovía y me planteé coger el paraguas marrón, pero perdería tiempo y total, simplemente chispeaba.

Mmm. Pensé por donde debía ir para llegar allí, la última vez tuve que perderme para dar con la cafetería , por eso cuando volvía a mi casa intenté memorizar cada paso que daba, casi como en el cuento de Pulgarcito con las miguitas de pan.

Mientras me perdía por aquellas pequeñas calles y miraba no sé por qué constantemente el reloj reconocí la bifurcación. Quería ir por la derecha, pero un impulso me dictaba tomar el camino de la izquierda para ver que gran secreto se escondería al final de aquel callejón empedrado. Al fin y al cabo la izquierda es mi segunda mano favorita y se merecía un poquito de respeto. Así que fui impulsiva y recorrí el estrecho callejón.
También tenía escaleras de piedras y esquinas con moho debido a la humedad del ambiente de Holanda.
Conté los escalones, es algo que siempre me gusta hacer, me sé las de mi piso (18), los de la casa de mis abuelos (10 y después 6) , los de la casa donde viví cuando era pequeña (16) …Jaja, no sé, es como una costumbre.
1,2,3…25,26 y 27. Veintisiete escalones. Miré hacia delante y me encontré con otra plaza….quizás con las piedras de las casas más oscuras pero prácticamente igual que la otra. Me sorprendí un montón al ver la misma cafetería allí, o al menos se parecería mucho, tenía la misma ventana pequeña y discreta y aquel cartelito de hierro que chirriaba con el susurro del viento. Decidí entrar y dejaría el otro camino para después, eso sí me prometí que 10 minutos máximo, sólo echar una ojeada y punto.

Abrí la puerta silenciosa y ágil y me dispuse a comprobar si había alguien.

-¿Hola? Il y a quelqu ´un?
-Oui mademoiselle, asseyez-vous s´il vous plaît. Me dijo una voz entre las sombras, esa voz…
-¿Dónde estás? Pregunté ansiosa
-Detrás de ti. Me susurró
-¡Ahh! ¡No me des esos sustos! Soy muy delicada.
-Sin duda. Me contestó con una ironía que no podía con ella

Por eso le eché una de mis miradas más asesinas, porque hay miradas que matan, pero que yo nunca las consigo sacar…

-Ahora dime, ¿porqué has elegido el camino de la izquierda?
- ¿No lees la mente?, dímelo tú
-Hoy es difícil saber lo que piensas, aún no he conseguido entrar en tu mente, ahora dímelo. Dijo con su calma habitual.
-Me niego a que lo sepas todo sobre mí Hum. Tendrás que conformarte con lo que tienes.
-Pues entonces tú tampoco puedes hacerme ninguna pregunta y no podrás tomarte tu capuccino, como tampoco podrás quedarte con mi pulsera de bohemio. Dijo mientras se remangaba y me enseñaba una preciosa pulsera marrón hecha de hilo.
-Pero eso no es justo, tu puedes leer mentes, lo que daría yo por poder hacer eso, sería mucho más fácil entender a la gente y saber qué es lo que piensan
-Marlenne…leer mentes no es para nada agradable, podrás ver la felicidad, la alegría, el amor…Pero también puedes ver su más profundo sufrimiento y las cosas más remotas de sus corazones y … créeme , después de haber visto todo eso…cambias, cambias hasta convertirte en lo que me he convertido.

-No digas eso, con el cariño que te he cogido en dos días. Y le abracé

Estaba caliente, su respiración estaba suavemente acompasada con su intensa mirada, su perfume prohibido me sumía en un relajante sueño y su esencia enamoraba cada parte de mi cuerpo. Me desmayé…

Desperté medio dormida en el sofá de mi casa, mi gatita me lamía la cara y tenía la sensación de haber dormido 2 días seguidos. Lo primero que hice fue mirar el calendario, seguía siendo 16 de febrero…
Me senté en el suelo y apoyé mi espalda en el sofá, mirando embobada como se desperezaba Zissy y cuando empezó a andar dirección-cama, vi una pulsera marrón en el suelo.

No había sido un sueño.
Mañana le buscaré otra vez :)



2 comentarios:

  1. La izquierda tambien merece ser respetada. ^^
    Vale, Marlenne tiene la pulsera, pero el nombre de aquel chico misterioso bohemio no. Quizás la gente no siempre consigue lo que quiere...

    P.D: Me ha gusta mucho (:

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  2. está interesante, interesante...mmmm
    :)

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Ecos del pasado