miércoles, 25 de enero de 2012
Varado
jueves, 12 de enero de 2012
Percepciones V
2012 albergará una cita olímpica, un posible fin de nuestros días e incluso los resultados ojalá que positivos de mi primer año de carrera entre otras muchas cosas.
Enero es un mes frío, aunque para mí está siendo más bien caluroso y además es el mes donde siempre todos decimos habernos portado bien.
No puedo faltar a mi cita mensual y, por eso, aquí os dejo la frase que he elegido para enero:
Cualquier cosa a la que os recuerde, lo que os pueda suscitar, lo que queráis comentar, sois libres de hacerlo.
jueves, 5 de enero de 2012
Artes
Consideramos, por ejemplo, cultura, a todos aquellos conocimientos que adquirimos y que nos enriquecen sabiamente. Sin embargo, posiblemente consideremos más culta a una persona que sepa de libros a una que sepa de tangentes.
Sí, ante todo nuestra mente tiene cierta tendencia helenística, en la que la armonía, las artes y las letras suponen la verdadera sabiduría. Pintura, Escultura, Literatura,
Guiadme por donde vosotros estimeis, no creo que sea capaz de dejar de seguiros.
jueves, 29 de diciembre de 2011
Tinta
Mis marcas en las manos me delatan. Las palabras de preocupación no pueden ir ahí escritas con tal nitidez y precisión.
La tinta negra penetra por los poros de mi piel, cerrándose tras de sí, llegando y pasando a la epidermis y a la dermis para volcarse con el rojo más pasional y lujurioso que antes pude imaginar.
Noto que se me entumecen los dedos, ennegrecidos por aquella oscura circulación sanguínea, paralizados por la desdicha y maldición de su maniático manipulador.
Aquel quien cree mirarse en el espejo como fue y no como el que es.
Y aunque me queden unas horas de vida hasta que la infección se extienda por todo el cuerpo y la parálisis me deje inutilizado e indefenso, seguiré y pensaré si es que esta situación no merecerá de tu presencia.
Siento la debilidad en mis extremidades, un titubeo y una desarticulación de las palabras, ojos hinchados, enrojecidos y húmedos y la memoria en plena recapitulación.
sábado, 24 de diciembre de 2011
Mundano
Poco nos fijamos en ellas, pues en épocas calurosas o suaves suelen haberlas por miles, mientras que en épocas secas y frías suelen desaparecer.
No somos muy observadores, bueno, no al menos en la naturaleza. Está claro que preferimos salir a conocer gente que salir a conocer árboles, pero todo debe tener su término medio.
Me gusta pensar, cuando camino por antiguos paseos de reyes emblemáticos de siglos atrás de tu ciudad y observar.
Reconozco que no hago caso a las hojas hasta que se caen, que es cuando realmente captan mi atención.
En el suelo, rojas o marrones y desgastadas, tan secas que pueden romperse si apenas pisándolas con nuestros elegantes zapatos nuevos.
Y os aseguro que no, que ni mucho menos son todas iguales, que las hojas son como los copos de nieve, todas únicas e irrepetibles.
Así escojo las que más me gustan, aquellas que están enteras, sin agujeros ni bordes arrancados, simétricas y de un color uniforme, a ser posible con bordes puntiagudos y con un tallo redondo.
Mis exigencias son pocas, pero la naturaleza es la única que me las cubre todas.
sábado, 17 de diciembre de 2011
Decálogo
jueves, 8 de diciembre de 2011
Pearl Harbor
Las guerras, lejos de satisfacer al humilde, nunca han dejado huellas para recordar.
Las batallas, donde el egoísmo de pocos, se convierte en la desdicha de tantos.
Ante la felicidad y un lema, “Vive y deja vivir”, la destrucción impone el suyo propio, “Vive para sobrevivir”
Aquel 7 de diciembre de 1941, Pearl Harbor cayó.
domingo, 4 de diciembre de 2011
Percepciones IV
Diciembre, un mes, quizá el más frío, lluvioso y nevado.
Diciembre es un mes familiar, entrañable, donde el calor de las estufas avivan nuestras ganas de mejorar año tras año, donde los problemas intentan ser olvidados y reemplazados por esperanzas y propósitos.
Este mes quisiera mostraros una frase muy reveladora que me gusta mucho decirme a mí mismo cuando veo que sobrepasa la vida.
“Lo consiguieron porque no sabían que era imposible”
Como siempre, os invito y más bien, deseo, que compartiérais conmigo vuestras opiniones, ideas, recuerdos, que os pueda suscitar dicha frase.
Espero que os haga bien, al igual que a mí me lo hace.

martes, 29 de noviembre de 2011
Noches de arena
Como todo sábado, despertarme temprano no era cosa de la casualidad.
Mi capacidad para dormir por las mañanas se remite a los largos viajes y a los largos encuentros en los que más que dormir podríamos hacer cualquier otra cosa.
La semana fue completa, cuanto menos agotadora.
Madrugones de mañana y madrugones de noches para estar descansado por el día.
Mi rendimiento es bueno, quizá mejor de lo que me propuse, pero no mejor de lo que espero de mí. Es curioso ver y observar casi a diario cómo vamos rompiendo palabras y promesas que nosotros mismos nos hacemos con la simple intención de llevar nuestra vida si no más cómoda, simplemente llevarla.
El pronóstico para el fin de la semana indicaba lluvias y tormentas. Era una de las pocas veces en las que llover podría fastidiarme un plan. Sin embargo, no sé si por cortesía de Zeus o por aquella borrasca en altura que estuve estudiando justamente el pasado jueves en mi clase de Geografía Física, las lluvias no llegaron y aterricé en tierra de gaviotas con una manga corta y una brisa de verano.
La lluvia no llegó ni llegaría durante el fin de semana, sólo un frío nocturno que helaba tus pies por muchos calcetines que llevaras encima.
Como era costumbre por las fechas, hogueras inundaban la playa abarrotada. Música de todos los tipos, (bueno, absténgase piano y cuerda frotada), tiendas de campaña y el humo de las hogueras que no se desprendió de mi ropa hasta que la lavadora hizo su trabajo.
La verdad es que la arena de la playa sólo le restamos importancia en verano, en invierno, en cuanto tenemos un poco en algún sitio estamos venga a quitarla.
Mis zapatos acabaron llenos y no me molesté en vaciarlos porque poco tardarían en volver a llenarse.
La noche caía, se hizo larga, sí, y poco a poco podías ver cómo la gente iba dejando su consciente para abandonarse a su subconsciente. Todos parecían tan felices.
Cuando decidí dormir más por mi cansancio o pensando en el día anterior que por el sueño que tenía, no lo conseguí. El viento azotaba la tienda con furia y alguna vecina salió volando.
La música y la fiesta, que no entendía de horarios, tampoco me dejó mucho respiro y mi balance de descanso fue prácticamente nulo, apenas, media hora.
Me quedo, eso sí, con la experiencia de una playa abarrotada, hogueras de estrellas, un cielo más claro del que pensaba, y un frío que te hacía temblar.
El mar, lo bueno que tenía, es que parecía ajeno a todo lo que pasaba, y él seguía con sus olas intentando penetrar en la arena de la costa.

viernes, 18 de noviembre de 2011
Excesos
Mi madre siempre me lo ha dicho, una y otra vez.
“Los excesos no son buenos”
Claro, tú tampoco has hecho caso a todo lo que te decía tu madre cuando eras pequeño. Y si me dices que sí, prometo editar lo escrito y rectificar.
Siempre que hacía actividad física me avisaba de que controlara mis límites (Siempre he sido muy competetitivo) y que no forzara más de la cuenta o lo debido, vamos, que no me cansara excesivamente.
Cuando iba a casa de mis abuelos, allí en el pueblo cerca de la montaña, comer jamón era algo que me encantaba (¿He dicho era?, perdonad, “era y es”). Sí, también debía llevar cuidado, y más con lo tragón que soy, que siempre me como la comida muy deprisa, y quizá eso me haya llevado a tener algún que otro dolor de barriga que mi madre curaba con una deliciosa agua con limón y azúcar. (Con el tiempo he aprendido que el comer tanto o tan deprisa no me ponía malo, simplemente es que estaba creciendo. Los niños son muy influenciables.)
La televisión, los videojuegos o el ordenador han ocupado gran tiempo de mi vida. He tenido a mi hermanito como fiel compañero de juegos desde que nació sólo 2 minutos antes que yo, y, creas que no, es una ventaja.
Los dolores de cabeza que tenía de pequeño mi madre los atribuía a “Exceso de pantallas”. Por desgracia (o por suerte), no he podido comprobar este dato en la actualidad, pues no dispongo del tiempo que antaño.
Cuando mi madre dice que se come poca verdura en casa, contraataco con las espinacas. Mi “cosa verde” favorita. Las como de cualquier manera y están deliciosas, pero claro, hay que comer “de todo” y no siempre todo lo verde debe ser espinacas.
Excesos, excesos, excesos…
Sí, amigos míos, los excesos están en nuestro día a día, (exceso de maquillaje, exceso de tacón, exceso de ropa, excesos de alcohol, exceso de velocidad) . Sin embargo nunca hay exceso de estudio, de tiempo o de dinero, ¿eh?
Hace un par de días, yo me preocuba por otro exceso. Uno mucho peor de lo que os podríais imaginar, peor que unas patatas sin limón o sin mayonesa, peor que un bocadillo sin queso, peor que unas natillas sin canela, peor que una mancha en una camiseta, peor que no tener papel higiénico en el aseo, peor que una cerveza caliente en verano, peor que un botellón sin bebida o peor que darte un golpe en el hueso de la risa.
En efecto, estáis pensando en lo mismo que yo, y os entiendo tal y como me entendeis a mí. Cumplir 18 años, es el peor de los excesos.
Os copio, literalmente, el primer significado de “exceso” que salía en la página http://www.wordreference.com/definicion/exceso (No, no me lo he inventado)
1.m. Lo que se sale de los límites de lo normal o lo lícito:
“Esta tarta tiene exceso de azúcar”




