domingo, 27 de junio de 2010

Suspiro de vida

Sopla el viento

Nada vuelve a ser igual, desde aquel confuso verano y desde aquellas vacaciones en mi "prisión favorita" vuelvo a sentir la opresión de siempre, todas las noches, si el cielo me lo permite, observo la luna blanca, aún con más gusto, si es llena, frío, aquí, más bien poco, una ligera sábana basta para pasar las noches más invernales del verano, la música, ruidosa, contraria prácticamente en su totalidad a mis gustos es capaz de a veces no dejarme dormir y yo, pues libre en esta época soy, me basta con hacer cualquier cosa con el fin de mantenerme despierto durante gran parte de la noche antes de querer conciliar el sueño. Unos acordes de guitarra, escuchar buena música, incluso practicar en el aire las posiciones de los dedos de las canciones del piano. La verdad es que no echo de menos esa vida, resulta tan diferente a la que llevo la mayor parte del tiempo aquí. ¿Amor? ¿Quien sabe cuándo , cómo y porqué? Tan desgarrador como el filo de una espada y sin embargo tan dulce y bonito como una rosa. ¿Mis ocupaciones? Quizás sin importancia o quizás sin sentido, pero escribir nuestra canción de amor bajo el sonido del agua y la luna llena, al menos me sumerge en el sentimiento más bonito que pueda experimentar.

Sigo esperando un atisbo de vida

lunes, 21 de junio de 2010

Inequívoca percepción

Las noches acompañadas de tu ausencia duelen...

Tus ojos transparentes me asombran
Miro por ellos y sólo veo escarcha
Tengo frío
Miro por los tuyos y sólo veo sombras
Tus ojos de oscuridad me asustan
Tengo miedo

No puedo seguir viviendo ante tanta circunstancia, pendiente estoy de mil vidas a la vez, atento a cualquier fisura en la realidad para hermetizarla rápidamente.
Mi vida trancurre fuera de mí, se mueve de un cuerpo a otro, buscando soluciones a mi existencia, buscando el amor que necesito, o las sonrisas que quiero, los olores que echo de menos, o midiendo con precisión los temporizadores de cada ente de este mundo.
A veces me toca dividirme en mil pedazos para poder atender este mundo tan imperfecto, tengo que viajar por cada resquicio del alma de los que no pueden sentir, los sincorazón, más, ¿qué puedo hacer yo ante tan insoportable perdición?

Estoy partidos en dos, una parte me dice abandona, la otra, que le haga caso , y yo sin ambargo pienso como la segunda. Mi agotadora tarea aún no recibe recompensas, siendo yo de igual modo el método de vida de los sincorazón, el intermediario entre el abismo y la luz, y sirviendo con lealtad a los dueños del mundo, sin embargo eso me hace pensar si dejar mi tarea me haría más féliz...pues a veces absorto en mis cavilaciones descubro que no soy más que un mensajero divino de mi señor y que por mucho que abandone mi misión, mi alma fragmentada seguirá irradiando luz hacia mi vocación, provocándome un irrefrenable sentimiento de añoranza y deseo.

Ya intenté la rendición y el dolor, la punición y el exilio, el lamento y el perdón, tiré los dados sin números y no conseguí más que la misma puntuación, volví a expulsar mi aura para con el viento purificarla, pero no conseguí más que el aumento de mi agonía y frustración.
En este caso sólo me quedará seguir midiendo mis fuerzas ante el bien y el mal, volver a mirar a la muerte con burla y hablar con mi paciencia para tranquilizar mi espíritu.


Sé que yo giro entorno a algún sincorazón de este mundo imperfecto. Para cuando lo descubra, ya habré lamentado mi muerte...




miércoles, 16 de junio de 2010

No, aquel no fue un viernes cualquiera...

Otro viernes por la tarde, digo otro porque parece que fue ayer cuando al fín vlvía a darle la espalda al instituto y miraba el horizonte con aires de libertad, aunque sólo fuese durante el viernes.
Como siempre me esperé al salir del insti para planear por encima con mis amigos si íbamos a quedar este sábado por la noche, al final, decidimos juntarnos en un parque no muy lejano de mi casa para relajarnos. Los despedí a todos y me dirigí con prisa a casa.

-¡Mamá, ya he llegado!¡Mmm... pasta!

-No cariño, la pasta es para el gato, para ti hay sobras. Dijo mientras secaba los platos.

-¡Mamá! Reproché.

Mi madre era muy juvenil, la verdad es que siempre me gastaba bromas de ese tipo y me entendía a al perfección. En un argot más general diría que era de “los buenos”.
Mi padre en cambio, siempre intentaba ser divertido conmigo, aunque fracasaba estrepitosamente, y lo peor es cuando estoy con mis amigos en casa y se hace el guay diciendo cosas como: “¿Qué pasa es que no estoy en la honda?” o “¡Cómo mola!, ¿seguís los jóvenes diciendo eso?”. Me río más con él cuando se pone en ese plan. Algún día tendré que llevarlo de fiesta por hay para que vea que es lo que se dice hoy en día por ahí…Aunque no creo que quiera, él se encierra en si estudio y se pone las gafas de leer y se tira las horas muertas estudiando, leyendo, escribiendo y componiendo. Como digo yo, mi padre es un claro ejemplo de “un hombre de letras”.


Cuando terminé de comer me puse a ver la tele, he de decir que cada vez hay más basura en la tele que en la propia tierra. La apagué enfadada por la decepción de no encontrar ni un programa decente y subí a mi habitación a evadirme del mundo. Encendí el walkman, tenía dos nuevas canciones que me metí ayer y tenía ganas de escucharlas y ni me acuerdo del tiempo que las estuve escuchando, pues enseguida tuve que dejarlo por la “muerte” de mis pilas. Me preparé entonces un poco para llegar medio decente al partido. Abrí el garaje, saqué la bici y me dispuse a llegar aunque fuese por primera vez puntual.

-¡Caray! Dije al llegar al pabellón, estaba lleno de gente, familiares, niños, animadores, amigos, ojeadores…

-¿Quién juega hoy Phil? Pregunté intrigada al encargado del recinto.

-¡Hola pequeña!¡Qué hay!

No os dejéis engañar por ese comentario suyo, tengo 17 años, pero trata así a todos los jóvenes.

-Si no me equivoco…”Hakwood” contra “Hill Park” Juegan por el liderato en el torneo, son los dos primeros de la clasificación.

-No me digas que juega hoy el equipo del insti, que cabeza tengo…
-Cómo estarás pequeña para no acordarte de eso. Rió Phil con fuerza. Venga chica, coge el botiquín y vístete. Dijo con su simpatía habitual.

-¡Bien, nos vemos Phil!

-¡Adiós pequeña!


Ya con todo preparado me senté en los bancos a ver el partido, había un escándalo tremendo, la gente gritaba en cada jugada y…como siempre, el árbitro no se libraba de alguna palabreja que soltaba algún imbécil.

A mí me gustaba fijarme en los jugadores, muchos estaban bastante bien, pero tenían una pinta de prepotentes que no podían con ella. Los jugadores que pasaban más desapercibidos, a los que no les importaba pasar un balón con tal de que su equipo marcase un gol y por supuesto que eran guapos eran los que me gustaban, en el equipo del insti había dos o tres jugadores así, aunque si os dio la verdad nunca me fijaba en nuestro equipo, lo tenía demasiado visto y era muy difícil encontrarme con alguno de estos jugadores en el insti ya que era grandísimo y coincidir allí sería prácticamente una casualidad.
Llegaron al descanso con ventaja en el marcador a favor de “Hill Park”, nuestro equipo, exactamente de cinco goles, 17-22.

Estaba cansada de estar sentada, tengo paciencia, no os creáis, pero me aburro fácilmente. Saqué una coca-cola de la máquina expendedora y salí a que me diera el aire.
Llovía bastante, olía a humedad y parecía que no iba a parara en varias horas. Eso me hizo sentirme bien. Es una pena que no llueva todos los días…
Entré de nuevo al pabellón y volví al asiento junto a ala pequeña cajita del botiquín, me acordé queme faltaban vendas y fui rápido a la habitación donde estaba el material a provenirme antes de que empezase el partido otra vez.
Como no, cuando llegué, el partido ya había empezado, sí, vale, soy lenta como una tortuga, pero, ¿para qué sirven las prisas?

Me senté y observé atenta ahora sí, el partido. El equipo contrario tenía un extremo buenísimo, rápido, ágil, calculador, pero nosotros tenemos a nuestro portero, el capitán, que hace algunas paradas impresionantes.
De repente en una jugada nuestro portero paró el balón y se la envió a un jugador muy rápido que comenzó el contraataque, llegó a la portería contraria, saltó para estabilizarse y un contrario lo arroyó por completo cayendo en el suelo en peso muerto. Enseguida le vi una brecha en la cabeza al golpearse contra el parquet y me dirigí hacia allí. Pero dos jugadores se encararon, uno empujó al otro y un jugador del equipo contrario pisoteó al chico de la caída. El árbitro rápidamente paró el partido y excluyó a tres jugadores y expulsó a otro.

Yo cogí al chico que se estaba medio levantando y me lo llevé a una sala a curarlo.
Cuando llegó a la sala parecía encontrarse ya mejor, pero apenas podía andar.

-¿Porqué me has cogido? Podía haber seguido jugando, esto no es nada.
-Ohh perdóname Hércules. Me burlé. Con esa pierna no llegarás ni a la salida andando.

Su tobillo se había salido de su articulación provocando un irrefrenable dolor y su brecha parecía dolerle, pero se aguantaba, se ve que no querría aparentar que le dolía para jugar cuanto antes. Pensar en eso me divirtió y decidí pasar un buen rato con él, al fin y al cabo era uno de los que me gustaba.

-Te pega ser enfermera. Dijo y soltó un gemido por el escozor del betadine.

-¿Ah sí? ¿Y eso porqué?

-Porque eres guapa y no tienes ningún cuidado curándome
.
-La próxima vez te curas tú sólo bonito. Le dije apretándole fuerte en la brecha para que le doliese.

-Ahhh! Vale, está bien, eres buena curando.

-Así me gusta más. Dije satisfecha. He de decir que tenía su encanto, como diría yo, era “mono” –A ver enséñame ese ojo…¡Venga ábrelo!..
.
-Como si pudiese. Me protestó.

-Dios, cómo se puede ser tan delicado. Reí. Bien, ya está, intenta no abrir el ojo, ¿vale?

-La próxima vez desearé no hacerme ni una herida más, creo que voy peor de cuando entré aquí. Me sonrió.

-Tienes suerte de tenerme a mí como persona con “estudios médicos de primer curso”. Dije mientras de un rápido movimiento le encajaba el tobillo en su articulación.

-Anda no te quejes, si te he traído aquí es porque nadie pega a mi novio, y ahora vete que si no empezaré a echarte de menos, ¡corre!

Me dio las gracias y se dirigió de nuevo a la pista para entrar al campo en cuanto pudiese, la verdad, creo que me acabó gustando aquel chico y aunque pudiese parecer egoísta estaba deseando que otro imbécil le pegase otra patada para curarle.

martes, 8 de junio de 2010

Des allumettes

Llamas de vida, que en días venideros, se podrán al fin apagar..

.

Savez, qui les allumettes, ne sont pas fini, ne sont pas pour toute notre vie, qu´ils brilleront jusqu´a le moment qu´ils doit desapître...
C`est simplement une vision de la vie

viernes, 4 de junio de 2010

La luz de las estrellas

Estrellas, todas brillas, porque todas, tienen vida.

Hay estrellas de diferentes colores, de diferentes olores, estrelas que dan más luz o menos, que son más grandes o más pequeñas, de una forma o de otra...

Hacía mucho tiempo que no se apagaba una estrella en mi mundo, hace un mes, dos nuevas estrellas aparecieron por aquí, prácticamente eran del mismo tamaño e iluminaban casi igual, se llamaban Hadar y Altair, pero ayer se apagó una estrella.

LLevaba mucho tiempo iluminando muy poquito, lo justo para ser estrella, poco a poco fue perdiendo se luz hasta llegar a apagrase por completo.

Recuerdo cláramente, aún con las pocas veces que la visité, como era aquella estrella. Estaba empapada de experiencias y de lecciones que había vivido. Siempre que hablé con ella hablé de lo mismo y siempre sonreía para mis adentros el pensar saber un poquito más sobre esa estrella.

Hoy, sin emabrgo, lamento su pérdida, pues ahora en mi mundo una estrella ha dejado de brillar...



Estrella te deseo lo mejor en el cielo, que todo lo que no has llegado a vivir, lo vivas, que estés pendiente de mí y de las personas a las que quiero, que no llores cuando veas a tus padres de nuevo, que ilumines mi camino siempre que lo necesite y que nunca, nunca, nunca, te olvides de nosotros. Adiós estrella...

sábado, 29 de mayo de 2010

Viajeros al tren (II)

Llegamos a al estación 15 minutos antes de la partida del tren. Antes durante el viaje en coche Caroline no había dejado de mirar por la ventana, se la veía preocupada. Ahora en la estación no paraba de mirar a todas partes menos a mí, incluso el suelo parecía ser más importante que yo. Me senté en uno de los bancos de la estación y le hice un gesto para que viniera y estuviese conmigo.

-¿Tanto se me notan las ojeras que no quieres ni mirarme?
-No es eso es sólo que…no sé…
-Vamos, no puedo soportar que una chica tan guapa como tú esté triste.
-No, tienes que irte, es tu sueño, es tu futuro, es…llevas años estudiando y haciendo proyectos pare este viaje, para poder estudiar Historia en Italia, no puedo dejar que te quedes…

Nos quedamos en silencio así como un minuto

-Por cierto, toma
-¿Un walkman?
-Sí, el disco lleva tus canciones favoritas y dos nuevas piezas que compuse.
-Gracias, lo escucharé todas las noches antes de acostarme…venga prepárate que el tren ya ha llegado y en 5 minutos se irá.
-Sabes que no tengo prisa, que desearía que este momento nunca tuviera fin.

Nos levantamos y miramos el tren, después ella desvió la mirada y se fijó en sus pies, el pelo le tapaba la cara y no podía verla.

-Pro…prométeme que me escribirás, aunque sea una vez al mes, y que aprovecharás cada oportunidad, prométeme que conocerás Italia como la palma de tu mano, que llevarás cuidado con las duchas y las chicas, que tu tiempo allí no será un desperdicio, que viajarás en góndola, que aprenderás a tocar el acordeón, que te acordarás de dormir y de descansar…promételo…

Caroline apretaba los puños con fuerza y ya había empezado a llorar, la abracé, quería contagiarme de ella antes de irme y que ella se contagiara de mí.

-Te lo prometo… -le susurré-.
-No pienso echarte de menos, ¿sabes?

Sabía que aunque me apoyase, deseaba que me quedara con ella, que me necesitaba y que yo la necesitaba a ella.

-Sabes que yo lo haré en el momento en que me suba a ese tren.

Y la besé, la besé con dulzura, quizá el último hasta dentro de seis meses y porque era nuestra despedida…

Caroline me metió un papel en el bolsillo y me apretó la mano con fuerza…

-Ábrela en el tren – dijo, y me abrazó un poco más fuerte-.

Yo, simplemente, le devolví el abrazo, poco a poco me separó de ella y me indicó que fuera al tren. Se enjugaba las lágrimas para poder ver. Cogí las maletas y la miré, intentó sonreírme, para que no me preocupara, para que todo fuera bien. Tenía cara de niña buena, pensé.
Me monté en el tren y ocupé el asiento que daba a la ventana, ella seguía mirando al suelo, cogí la nota que me había dado, había una palabra escrita… Recordé lo que significaba esa palabra para nosotros…
El tren empezó a moverse, me sentí atrapado, como si llevasen a cualquier sitio, vi a Caroline mirarme tal y como me miró la noche en la que nos conocimos y con ese recuerdo, la perdí…

Ella no se movió de la estación hasta que no escuchó todas las canciones.

Yo, sin embargo, una semana después cogía un tren de vuelta a casa, mi vida no estaba en Italia, estaba con ella…




viernes, 28 de mayo de 2010

Viajeros al tren

Me desperté demasiado pronto, supongo que fue porque no podría dormir, aún así estaba amaneciendo, me lavé la cara, encendí una rama de incienso en la habitación y le di un beso a Caroline. Anduve hacia la cocina y masqué una hoja de menta, me aclaraba la garganta y me daba un sabor especial a la garganta, después chupé una cucharada llena de miel y la metí en el tarro para molestar a Caroline. Reí.

Hacía un calor horrible, iba en calzoncillos pero quise vestirme decentemente así que fui a por una camisa, cogí la verde y blanca a cuadros, la que más me gustaba y cogí el libro que leía cuando la vida me dejaba un poco de tiempo para mí, “Hojas de Otoño” se llamaba. Lo compré en una tienda de libros, he de decir que me encantó su portada y decidí llevármelo. Resulta que me gusta mucho, es un libro que creo que debería leer todo el mundo, pues da que pensar.
Salí a la terraza, Caroline y yo vivíamos en una pequeña casa, desde la terraza podías ver todos los árboles del parque, incluso aquellos de las hojas rojas que eran nuestros favoritos, sin embargo las personas no nos podían ver, era una ventaja.
Esa mañana corría una ligera brisa de verano, el aire venía fresco pero en la casa hacía un calor insoportable. Amanecía por el lado opuesto, eso me dio rabia pero después pensé en todos los atardeceres que habíamos visto juntos y se me olvidó un poco.
Cogí una hamaca de madera que compramos en una tienda de antigüedades en Francia y abrí el libro, me impresioné, hacía mucho tiempo que no leía, sobre un mes diría pero no me acordaba que me quedase tan poco para terminar. Me quedé por el capítulo XII “Desesperación”, me puse las gafas y empecé a leer en voz alta.

[La calle seguía desierta y la noche contagiaba el ambiente, yo iba por los callejones más húmedos de Nueva York buscando los ejemplos más claros de falta de humanidad, llovía y había perdido mi paraguas en Forest Hill…]

-Pareces un empollón con esas gafas, me dijo Caroline mientras me abrazaba y me daba un beso.
-Con tu asqueroso cariño no se puede leer querida.
-Qué simpático eres a veces, sonrió, prométeme que no desaparecerás en estos 10 minutos que no estaré.
-Voy ahora mismo a tirarme por el balcón.

Me dio otro beso y se fue hacia la cocina. Mientas andaba le miré el culo, hay que reconocer que lo tenía bastante bien.
Se me quitaron las ganas de leer con lo que guardé el libro y me dirigí a la cocina. Caroline se había recogido el pelo y me dí cuenta que llevaba una de mis camisas, la azul, la que le gustaba a ella y estaba en bragas. Me hizo mucha gracia.

-Hay que ver lo sexy que estás con esa ropa.
-No me mires que no me quieres.
-Tienes razón, no sabes todo lo que te odio. Le dije abrazándola por detrás.
-Dame un beso. Me desafió
-¿Tengo hambre sabes?
-Te libras por tus ojos, si no hoy te quedabas sin desayunar.

Le sonreí
-Y date prisa con las tostadas que no te va a dar tiempo que aún tienes que hacer la maleta. Voy a ducharme.
-Lleva cuidado, le dije guiñándole un ojo
-Imbécil Dijo riéndose, sabía porqué lo decía.

Desayuné tranquilamente las canciones de la radio eran un asco y no estaba por la labor de ver la televisión con lo que al terminar de desayunar fui a la habitación a terminar de vestirme y arreglarme un poco.
Caroline ya había terminado y se sacudía el pelo con las manos mientras se lo peinaba, era castaño y liso tal y como me gustaba.
-Ponte ya unos pantalones por Dios
-No mires
-No sé como he podido enamorarme de un imbécil como tú
Puse los ojos en blanco y metí un empujón para apartarla de la puerta
-Debilucha
-Abusón
Lo nuestro si era amor…me duché con agua fría a costa del calor, me sequé y me despeiné, mi abuela si estuviera aquí me hubiera peinado con la raya hacia un lado. Decía que los jóvenes de ahora éramos unos desvergonzados, enseñándolo todo, con esos pelos, tatuajes…que donde estuviera un buen chico con sus zapatos y camisa…
Caroline se había puesto guapísima, con su pelo largo brillante y una camiseta que le favorecía mucho.

-¿Vamos?
-Sí, ya estoy listo, cogí la maleta y fuimos hacia la estación...



domingo, 23 de mayo de 2010

Verdad

Sus ojos de café que mostraban mi impotencia, que se apagaban oscuros, que reflejaban mi impaciencia…

Valor-me decía- pues como cobarde actuaba, aquella nota en mi bolsillo quedó guardada…

miércoles, 19 de mayo de 2010

Mi pequeña amiga Phoebe

Phoebe era una chica que conocí en uno de mis viajes, creo que la vi en todos y cada uno de ellos, lo único que os puedo decir que os puedo decir es lo que recuerdo de ella…

Así era Phoebe:

Ella era una chica sencilla, amable e interesante que creí conocer, pensaba que era, guapa, un poco altruista, generosa y para nada impulsiva. Le gustaba bailar, que le mirasen a los ojos, ver estrellas y cantar bajo el agua. Acostarse en la arena, los acantilados, las radios antiguas, imaginar que tocaba el piano y leer libros que te hagan cerrar los ojos cuando los terminabas.

Phoebe era inteligente, siempre tenía buenas ideas, le gustaba el naranja y marrón del otoño y el blanco del invierno. Las tortugas gigantes, le encantaba mirar los peces cuando nadaban en acuarios y poner caras en el espejo. Le gustaba llevar bailarinas, escribir en las clases aburridas, ver el mar y respirar el aire fresco. Los dados, apagar despertadores y clavar agujas a su muñeco budú. Le gustaba lo hippie, guardar sus mejores recuerdos, coleccionar monedas de todo el mundo y hacer fotos al cielo y a las nubes.

A Phoebe le gustaban mucho las libretas pequeñas, los lápices afilados, le gustaba el polvo y los caramelos de fresa y de naranja. Tomar leche fría con cereales hasta quedarse sin leche, mascar chicles de menta y oler azahar y albahaca. Los vestidos de seda, pensar boca arriba y el olor a canela. Recoger conchas en la playa, sentarse en precipicios, porque decía que es donde mejor se veía todo, ir descalza por su casa, y dormir con calcetines.

Phoebe siempre pensaba que no servía de nada la vida si con ella no vivías experiencias, que la inocencia acrecentaba tu ser y que los océanos eran continuaciones marinas de nuestros ojos. Que una gota de vida se acababa con el último grano de arena de su reloj.

Ella había viajado a un montón de sitios, que yo recuerde, a Nepal, donde me dijo que encontró su paz interior, a la selva amazónica, donde se encontró con un poblado y le enseñaron a curarse sus heridas, a los fiordos noruegos, donde pudo respirar el aire más puro que jamás había respirado, a Nauru, donde observó el mundo infinito que se extendía bajo los arrecifes de coral y…bueno, no me juzguéis por mi mala memoria.

Todos los martes iba al parque y se sentaba en el primer banco libre que encontraba, subía los pies y mordisqueaba como nerviosa su lápiz pensando en la próxima experiencia que escribirá. Los días de lluvia eran sus favoritos porque no había cosa que más le gustase que acostarse en el césped y notar las gotas resbalar por su cuerpo, mojarse y llegar a casa empapada.

Antes de desaparecer me dijo..."Las huellas dactilares no de borran de las vidas que tocamos"...quizás tuviera razón...quien soy yo para desmentirla...pues nunca la conocí.


Creeréis que es una obsesión pensar en esta chica, creeréis que alguna vez la habréis visto o incluso que vosotros habéis sido ella alguna vez en vuestra vida.
No penséis más en ella, pues Phoebe no existió, no existe y nunca existirá.



[Ilusinistas...]

miércoles, 12 de mayo de 2010

¿Nuestro mundo?


Vientos perdidos en mesetas olvidadas, viajeros en un mundo castigado por egoísmo humano, exploradores oceánicos de abismos infinitos, flores de azahar, estrellas apagadas por la luz solar, nubes flotantes de lluvia transparente, algodón azul de azúcar, notas poéticas, al fin y al cabo, ideas que se le ocurren a un loco tras su exilio al Tártaro, ¿un mar de dudas?, no, todo es más fácil arreglarlo librándose de cargo de conciencia, dios del bien y dios del mal, ¿qué son sin su base maniqueísta? Ya, no me entendéis…porque somos como marionetas, manejados por hilos que nos quitan de nuestra libertad natural, somos presos de nuestra incompetencia, seamos realistas, estamos atrapados, honestidad, humildad, altruismo, paz…¿existen?

La rendición, no es sino, un signo de debilidad absoluta, proclive a desaparecer en la inmensidad oscura, de nuestras voces apagadas de sabiduría, exentas de sentido común, pues que son las palabras si no la nada, sin embargo la nada no existiría si no hubiera un todo, ¿absurdo verdad?, yo diría relativo, como nuestro mundo lejano.

Valor…
[Siempre ...]