domingo, 16 de enero de 2011

Tú, yo

Tú, que ya lo sabes todo.

Otoño, cuando las hojas marrones, cansadas de estar colgadas del árbol, acariciadas por el gélido viento, deciden caer en un acompasado movimiento hasta el suelo y cuando tú y yo estábamos apoyados en aquel tronco, dejando que los últimos rayos de sol, penetrantes entre el follaje de aquel árbol, iluminaran tu piel, tu mano unida a la mía, tus ojos cerrados. Sueño reparador, sueños de ilusión.

Invierno, cuando sólo unos pocos tienen la oportunidad de abrigarse con el espesor de las hojas, mientras que muchos otros, desnudos, nevados y macabros, nos enseñan un paisaje de un blanco, impoluto, un blanco invernal. Frío el que tenías, calor el que te dí. Páramos inmaculados por descubrir. Con el calor de la calefacción del coche, abrigada comenzaste a dormir.

Primavera, los poetas despiertan, las plantas renacen, los prados verdes y mojados del frío de la mañana, brillan con el sol casi cegador. Te acuestas en la hierba, me miras. El arco iris floral que se extendía por la montaña crearía tu perfume. Polen de amor, polen de olvido, musitas sin voz, al verme distraído.

Verano, relajación, sol abrasador, secos por su escasez, árboles, apuran su última gota de vida para poder volver a crecer, raíces más profundas, buscan tesoro cristalino, cortezas de lino aguantan su último atardecer. Playa desértica (arena), acantilado a espaldas, gaviotas vuelan. Calor el suyo, brisa la mía, entre piedras dormitas, cielo el que miras.

Yo expectante, atento a ti, en movimientos, parpadeos, respiración, inspiración y espiración, quisiera controlar cual faquir su serpiente, un inminente porvenir o un solo recuerdo. Viviré un presente, pensaré un futuro, recordaré, como siempre, un pasado quizá algo oscuro.

Más no puedo dejar de imaginar qué es lo que pasaría si al fin me atreviera a escribir

[Tú, yo, y una conjunción entre nosotros]

jueves, 13 de enero de 2011

Héroes

Allí estaba, mirándome de nuevo, casi ni podía creer que viniera, apoyado estaba con una pierna en la fachada antigua de aquella fábrica abandonada que los críos tenían miedo de entrar por si se encontraban algún fantasma y donde sus madres no les dejaban jugar, por si se clavaban algún cristal o alguna otra cosa. Era un buen lugar para meterse un chute o pillarse una buena sin que la policía apenas se enterase. Por dentro, las fachadas enteras con pintadas por niños que empezaban a en el mundillo del vandalismo robando 3 euros a sus padres para comprar un spray y poner cualquier gilipollez que se les ocurriera, o por jóvenes, que sin nada que meterse ni hacer, se disponían a ir poniendo sus firmas una encima de la otra. La fábrica, la verdad, estaba echa un asco, las ventanas estaban todas rotas, con peligrosos cristales a su alrededor, el techo agujereado, dejaba escapar miles de haces de luz que se filtraban por las tejas semidestruidas, suciedad y ratas y no era muy de extrañar que si te pasearas por allí durante un rato tocando las paredes o el suelo contagiaras más de una enfermedad.

Recuerdo a aquel tío, alto, con ojos marrones y penetrantes, con el pelo casi rapado y con una fuerza descomunal, son de los que piensan que no tienen ni una pizca de cerebro, y de los que casi gruñen al respirar. Aunque no pareciera ser muy de dineros, vestir, lo hacía bien, no era un Don Juan pero tampoco daba lástima verle por la calle.

Me dijo que qué es lo que hacía allí y yo con un respeto más que habitual y sin pecar de ignorancia le dije que paseaba. Aquel día nos encontramos cerca de la plaza circular, en una de las calles más estrechas que daban a la plaza y se ve que él con algún colega suyo tendrían algún que otro chanchullo entre manos y no querían que nadie los viese, droga, pensé.

Con un empujón y después cogiéndome de las solapas de la chaqueta se dirigió el descomunal a lanzarme un aviso un poco menos refinado que “por favor señor, le importaría irse”. No voy a decirles que no estaba asustado, pero todavía conservaba algo de mi ser valeroso y sublevativo para decirle que me dejara y que simplemente me daría la vuelta por donde había venido. A lo que me respondió, con sus buenas formas habituales que era un cabrón de mierda y que no sabía que hacía yo allí y que como abriese el pico se iba a encargar de que no pudiera ni abrirlo nunca más. Tranquilo, y ya con aires más calmados le dije que esperaba verle en aquella fábrica, a esta hora y que por favor trajera gafas de sol.

Ahora me tocaba enfrentarme a ese gorila una vez más.

-Buenas tardes.

-¿Qué es lo que querías imbécil?

-Simplemente quiero mostrarte algo, y por favor, llámame Telos.

-Qué gilipollez de nombre.

-¿Quién ha dicho que ese sea mi nombre?

-¿No has oído antes?¿Que qué quieres? Estás haciéndome perder mi tiempo.

-Sin duda es el tiempo lo más preciado que tiene el ser humano y sin embargo nadie investiga sobre él, sólo en unos cuantos papeles con numeritos y círculos de diferentes tamaños. Escucha, ¿trajiste las gafas?

-Sí.

-Póntelas.

-¿Para qué?

-Hoy tenemos eclipse solar.

-A mi no me interesa esa mierda. Dime ya qué es lo que querías.

-Creo que esto va a ser más difícil de lo que pensaba.

Agucé la mirada en las gafas que tenía en la mano y obligué a que se las pusiera, en un segundo ya las tenía puestas.

-Ahora mira al sol, pronto empezará.

Como controlado por mí, se giró y de frente al sol comenzó a mirarlo.

-Comprendo ahora lo que dices. Dijo pausado.

La voz le había cambiado y parecía más sumiso a lo que le fuera diciendo.

-¿No crees que todo es mejor ahora?

Lo que le decía le hacía eco en la cabeza.

-No, no lo entiendes.

-¡Sí! Exclamé a apenas 10 centímetros de su cara.-Estás destrozado, tu madre murió, tu hermana ya no sabes donde está y Gary cada vez se está metiendo más y más. ¿Es eso lo que quieres tú? ¿Quieres seguir metiéndote toda esa mierda con esos imbéciles? Madura y encuentra a tu hermana, búscala, ella te necesita, o ¿no pasabais buenos momentos juntos?

-Sí, es cierto… Dijo con voz quebrada casi inocente.

Cada vez estaba más cerca de lo que quería.

-Mírame. ¡Mírame!. Le dije. –Sólo tienes que dejar de mirar al sol. Sólo eso.

-No puedo…

-Deja de mirar al sol. Dije con paciencia una vez más.

-No…no puedo…

-¡Maldita sea! Hazlo de una puta vez.

Y cerró los ojos y se derrumbó en mis brazos. Respiraba entrecortadamente, estaba entero sudado, las retinas volvían a su color natural poco a poco. Allí lo dejé.

-Ahora sólo estás tú. Al menos ten el valor de servirte de tu propio entendimiento.

A veces necesitamos a alguien que nos encamine sobre el qué hacer en nuestra vida. A veces necesitamos golpecitos en la espalda para avanzar, y otras muchas, empujones enteros. Lo que hacemos seguimos viéndolo bien. Seguimos refugiándonos en las drogas o la bebida y nos hacemos amigos de gente que como nosotros ha perdido toda esperanza de tener un mundo mejor. Son los llamados héroes de la cocaína.

domingo, 9 de enero de 2011

¿Mañana será otro día?

Ya he vuelto. Lo primero de todo será volver a la dura rutina, esa que te dice lo que tienes que hacer constantemente día tras día. Después tendré que levantarme con aquel sonido repetitivo que escuchamos cada mañana, con el gesto cansado me tocará mirarme en el espejo y aclararme un poco la vista con agua. Bajar a desayunar es lo siguiente, calentaré un poco de leche o no, dependiendo de lo que haya para desayunar, si hay galletas, caliente, si hay cereales, fría. Me ducho, me visto, me arreglo un poco y casi de noche salgo de casa. En estos días el viento sopla helado, tiempo atrás, una simple manga corta me servía para todo el día, ahora necesito de abrigo y bufanda para soportar el frío ambiente.
Puntual, como siempre, llego a mi instituto, aquel que es pequeño, donde conoces a todo el mundo, donde la amistad crece o se desvanece, el instituto que me va quitando el poco tiempo que me queda…por suerte o por desgracia este será mi último año en él. Son las dos y diez minutos cuando salgo por su puerta principal para regresar a mi casa. Los libros ya no te pesan, parecen ligeros, ni siquiera me quedo a saludar a gente que no veo en días o me paro a charlar con amigos que en el recreo no he visto, “ya los veré mañana” pienso. Mientras, ando con paso decidido, el autobús escolar lleno de “niños” siempre pasa a mi derecha. Ellos ríen, hablan, se empujan, saludan a otros chicos que andan hacia sus casas…”son felices” digo para mis adentros, “por ahora” añado después mientras sonrío ligeramente.
Veo el número 20 a lo lejos. Saco las llaves y abro las dos puertas que me separan de la tranquilidad y el silencio. La comida suele estar preparada, si bien por la piscina o por las clases de inglés. La caliento y como solo, mis padres llegarán dentro de una hora. Las tardes, antes de empezar fuerte con el curso las pasaba en el pabellón municipal o en el ordenador, apenas estudiaba, pero esto me duró un mes, estoy en el curso más difícil, donde te juegas gran parte de tu futuro, con lo que ahora las tardes van acompañadas de pijama, libros abiertos, Biología, Literatura, Historia, Filosofía etc, el flexo encendido y grandes meriendas.
Mi madre dice que apenas me ve, pero cuando ella no trabaja por las mañana yo estoy en el instituto, cuando no trabaja por las tardes yo suelo estar en mi habitación…Son las cenas es el único momento que es más familiar, casi siempre son un poco improvisadas, pero la verdad, de algo que en mi casa no me pueda quejar es de haber pasado hambre alguna vez. Después de cenar, al baño a lavarme los dientes y cansado subo al piso de arriba, antes, cuando no era tan importante dormir porque no tenía que despertarme temprano solía leer algún que otro libro, pero acostumbrado a descansar un mínimo de horas ya no lo hago. El ordenador a veces lo enciendo, muchas otras (la gran mayoría) no, me quita el sueño y después no duermo bien. Un último repaso de cualquier asignatura para que me entre un poco el sueño es lo que sí que suelo hacer por las noches, pero no demasiado largo. Entro en la cama y cierro los ojos. […] Mañana un nuevo día me esperará. O al menos eso creo.

jueves, 6 de enero de 2011

Demasiado poco para tanto

Son unas 4.5 millones de palabras las que he utilizado a lo largo de este, creedme, corto año, 75 todas las historias que he podido escribir aquí, y ya os digo que muchas trataron de mi tormentosa vida y todas sus desventuras, de las decepciones que por activa o por pasiva he ido llevándome a lo largo de cada día, de aquella lluvia, tan escasa en estas tierras y que siempre, al menos por mi parte, es bienvenida, a las injusticias de la sociedad y a sus abusos y aprovechamientos, a los pequeños detalles como los bolsillos, las nubes o el frío y aunque sea caluroso, el aire y el agua son mis elementos. Otras, las he dedicado a hurgar en mi catastrófica cabeza y así con grandilocuencia habré podido expresar lo más simple que se pueda imaginar. Aunque, aún me falta la otra mitad de historias, aquellas que primero me iniciaron en el mundo de las palabras compartidas, aquellas que siempre van dirigidas a alguien tan especial que ni siquiera esta palabra serviría para describir ese alguien. Si no eran todas, siempre alguna tenía ese punto “amargo” que al menos me hacía saber a mí mismo que era yo quien las había escrito. Sí, el amor ocupa nuestras vidas, irremediablemente, se va vuelve, permanece, nos deja, se queda, se aburre, llega y se vuelve a ir, porque vivir enamorado no cansa, nunca cansa, y el amor a una persona es muy bonito, pero puedes amar igualmente a tu familia, a la vida, al mar o lo que de verdad os agrade y os haga soñar. Y con esto no hago declaraciones a ninguna revista o a ningún, ¿fan?, que siga mis lecturas, es una pequeña realidad que os hago compartir aquí y ahora. Porque hoy estoy feliz, hoy soy feliz, porque gracias a vosotros, y a vuestras pequeñas experiencias, vuestros pequeños apoyos, vuestros consejos o simplemente vuestras sonrisas, vuestros ánimos, y vuestras ganas contagiosas de vivir me hacen de momento no plantearme dejarme esto, porque “las letras fluyen del corazón de cada alma” y hoy más que nunca escribo con el corazón de la mía. Gracias.

martes, 4 de enero de 2011

Ya un año, y el sol brillando

2 de Enero y el sol vuelve a brillar, es el segundo día consecutivo que me hace olvidarme del frío invernal para adentrarme en aquel contagioso calor de la primavera, no veo flores, sólo árboles sin hojas, no veo insectos, ni mariposas, sólo algún que otro caracol esperando a los días de lluvia.

Las nubes ni en el horizonte aparecen y forzando la vista intento llegar un poco más allá, pero nada. Se dice que después de mal tiempo viene uno mejor, sin embargo yo también he oído a veces eso de “la calma antes de la tormenta”. ¿Sería esta la despedida a las lluvias y los abrigos? No, no lo creo, por lo menos aún no, la primavera siempre trae sorpresas e inspiración.

A veces pienso que cuanto más pasa el tiempo es como si más lo malgastaras, pero cuando dices de aprovecharlo no terminas haciéndolo, quizá por mi “afición” a no cambiar demasiado las cosas, defensor del cambio lento, constante y progresivo. No es cuestión de cobardía o valor, de fuerza de voluntad o de pesimismo, de atrevimiento o resentimiento. Ni siquiera puedo posicionarme para la mitad de los grandes problemas que afronta el mundo y menos solucionarlos…hacerlo sobre la vida no descarto que me deje totalmente indiferente o con un toque de amargura por “inutilidad” o “incapacidad”.

Si de verdad pensamos en cambio, antes debemos pensar como lo queremos cambiar nosotros, porque uno no muevo todo pero un todo puede mover un mundo entero. Son los propósitos que cada día y constantemente nos hacemos. ¿Dejaré de fumar? ¿Aprenderé inglés? ¿Adelgazaré? No lo sé ni yo. Más por nada porque no puedo proponerme algo que no puedo cambiar.

Seamos objetivos, no testarudos o cabezones, veamos con claridad qué es lo que no nos gusta y si lo queremos cambiar, mucha gente, no lo hace, porque ama las cosas por lo que son, con sus defectos y virtudes, y si es así, contribuimos a salvaguardar aquello que es como es.

Confío en el progreso, los propósitos de enmendar aquello que nos parece mal o inapropiado, nuestros errores, equivocaciones o confusiones, aquello que nunca nos pareció bien, pero que tampoco tuvimos el valor, no, la iniciativa, mejor, el propósito de explicarnos. Tenemos boca, hablamos, tenemos oídos, escuchamos (no oímos, escuchamos) tenemos vista, vemos, ¿qué es lo que nos falla entonces?

Hoy podré llenaros de palabras, propósitos, tonterías, y no os digo que no a cosas algo incoherentes, pero sólo seré uno más que con 30 frases quiera proponeros no cambiar, o pensar más, trabajar más, estudiar más, no, sólo os impulso a mejorar.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Oscura humedad, cielo iluminado

Frío hace fuera, dentro el abrigo sólo causa calor.

Somos muchos los que estamos de pie, sin apenas espacio en aquella habitación.

Como unas 40 personas hablan y se saludan en unos 20 m2, encima, allí me siento incómodo. Raro me pareció que en vez de agua u otra bebida unos 12 cubos de sangría estaban sobre las mesas que rodeaban la estancia.

El humo cargaba el ambiente, yo miraba con recelo a cada una de las personas que fumaban en aquel espacio tan pequeño y pensaba “¿Acaso no pueden comer sin estar fumando a la misma vez?”. Más les maldecía cada vez que me echaban inconscientemente el humo en la cara.

El ruido, los empujones, el estar de pie y la comida que no acompañaba mucho hizo que saliera de aquel lugar.

Llovía, bueno, no exactamente, (más me hubiera gustado a mí), la carretera estaba mojada por unas gotas que caerían anteriormente. Fuera, el ambiente era húmedo, se podía medio respirar aún siendo consciente de que me encontraba en pleno centro de ciudad.

Me apoyé contra la pared del edificio de en frente del bar, jugué con mi aliento, mucho más cálido que el aire, formando vapor, dibujé una espiral en el cristal empañado de un coche y miré el móvil.

Las once y media, y aún me quedaba mucho para irme de allí. Respiré hondo y pensé durante un segundo en ti, después volví y miré el cielo cubierto.

Estuve como 2 minutos mirando el cielo, estaba sorprendido, la noche había caído y apostaría a que si apagaran todas las farolas de la ciudad se podría ver perfectamente…Tal era la contaminación que el cielo estaba prácticamente iluminado.

Y me enfadé, me cabreó el ver así el c

ielo y creedme, bonito era, nunca había visto nada igual, pero hubiera deseado no haberlo visto.

A todo esto seguía haciendo frío, el ambiente era húmedo, seguía exhalando aire, respiraba lluvia, me miraba los pies, después el final de la calle, al cielo de nuevo. Suspiré, te eché de menos y entré de nuevo al bar, la gente decía que entrara “a disfrutar” (a mi pesar)

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Sentidos

Son tus labios los que se abren a escasos dos centímetros de mí (mi boca). Tu corazón hace que se muevan y que susurres esa(s) palabra(s) que cualquier persona querría oír. Yo cierro mis ojos para no ver la realidad y para poder imaginarte a ti y todo lo complicada que eres. El sentimiento fluye por cada fibra sensitiva de mi pabellón auditivo, atraviesan el tímpano vibrante, giran por el caracol y avanzan por el yunque, el martillo y el estribo, quienes recogen el sonido.

Tu(s) palabra(s) acaban llegando de forma confusa al cerebro en apenas medio segundo. Comienzas a darle sentido a lo que has escuchado y el cerebro comienza a funcionar.

-Cierras los ojos… respiras profundamente…suspiras

-Te empieza a faltar el oxígeno, tu corazón bombea sangre, se acelera.

-Los niveles de oxitocina se disparan en tu cuerpo

-Esas “mariposas” que nadie sabe explicar qué son sin utilizar la palabra “amor", empiezas a sentirlas un poquito más abajo del corazón.

-Tus manos contactan con su cuerpo medio desnudo.

-Buscas su calor.

Es ella quien provoca que mi cerebro mande la orden de romper esos dos centímetros que me separaban de tus labios para fundirme en un beso ardiente entre el gélido frío del deseo de poseerte. Un sabor fogoso que más pagaría yo por encontrarlo en un cóctel en la tranquila noche de San Francisco.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Temporare

El tiempo, que queremos que ahora pase rápido y después desearemos aprovechar cada segundo…
Ambos necesitamos ese tiempo, tiempo libre…y no dudes que si en serio lo tuviera, tú lo ocuparías.
¿Qué hacer? No lo sé ni yo…improvisar nunca se me dio demasiado bien, siempre me ha gustado imaginar cómo podría hacerlo todo, planear mi vida.
Y no sería una, la persona que me haya dicho que eso sólo te complica y es mejor improvisar sobre la marcha…así quizá pudiera haberte dado aquel beso, o haberte dicho aquello que quisiera pero la naturaleza de cada uno…a veces egoísta pero comprensiva y tímida impide ser quien eres.
Tenemos viajes pendientes, no creo que los olvides, compartir, poco y mucho, sentimientos, puede, gustos, quien sabe, desear, todo el mundo siempre desea algo, pero lo que yo, dudo que alguien lo haga.

[Seguimos conversando
No sé qué decir pero lo diré de todas maneras
Hoy es otro día para encontrarte
huyendo
Estaré viniendo por tu amor]

[Sin necesidad de decir
Estoy hecho pedazos y acabado esa es mi manera de tropezar
Lentamente aprendiendo que la vida está bien
Di que después de mi
es mejor estar a salvo que lamentarse]

[Aquellas cosas que dijiste
es la vida o solo un juego para despreocuparme
Tu eres todas las cosas que debo recordar
estas huyendo
vendré por ti de todas maneras]


TAKE ON ME



Llévame contigo, total me iré en un par de días…


Lo que fluye al recordarte se enciende y se apaga como el filamento incandescente de una bombilla. La única diferencia es que contigo no puedo encender o apagar este filamento, eres tú quien lo hace.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Pureza

¿Quién no ha buscado purificarse alguna vez en su vida? Quien no lo ha hecho, dudo que haya existido. El separar nuestras pasiones de nuestras obligaciones, nuestros deseos de nuestros pensamientos. El separar el cuerpo del alma.
La pureza viene a ser aquello carente de imperfecciones, la ausencia de todo aquello que debilita la naturaleza de nuestro ser. Empero existen hombres puramente malvados o existen hombres con una pureza en su corazón incomparable con cualquier otra virtud.

La paz espiritual que buscan encontrar religiones de todo el mundo se basan en ella para encontrar el equilibrio entre lo que está bien (lo bueno) y lo que está mal (lo malo). El blancor del alma es el signo de haber conseguido este equilibrio y son precisamente los pensamientos impuros los que te alejan de esta meta. Así, el aire fresco que congela, la montaña que hiela, la nieve blanca e imperecedera, el oxígeno, la planta con gotas de rocío de la mañana, el río, de donde emana la vida, el mar, que comparte las lágrimas de todos los arrepentidos, el viento que mueve perfumes y olores y los reparte por nuestro pelo y el huracán que destroza, la rama que brota, o el fruto que crece, la tormenta que amenaza o el rayo que esclarece, el trueno que suena o la lluvia que cae, son los elementos naturales que equilibran nuestro entorno y controlan lo que debería pasar.

Es pues que la pureza, en la naturaleza, es aquello que ocurre sin más, sin una estipulación previa, ocurrirá, ocurre y ocurrió, aquello que el verlo canaliza por cada una de tus arterias el oxígeno que debe ser bombeado por tu corazón y devuelto a él por cada una de las cientos de venas que tenemos en nuestro cuerpo. Aquello que te hace respirar hondo y crecer como persona. Aquello que te hace mirarte con desprecio e insignificancia y comprobar la fuerza de la naturaleza. Lo inmenso.

El puro, quien ha podido mantener libre su alma de cualquier sentimiento de rencor, odio o egotismo, podrá concentrar su fuerza interior en su mente y en su corazón. Manejará con suma facilidad su propio control corporal hasta gastar la mínima energía necesaria para cada movimiento, nada podrá hacerse en desperdicio, llegando así al estado de “levitatio tradere” donde la fusión de alma y mente conforman un ser de pureza impoluta.



Encuéntrate a ti mismo antes de encontrarle sentido a este mundo, pues ya os aseguro yo que no tiene, con lo que ya sabes por donde empezar para llegar a ser persona.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Una vez más…

¿Cuantas veces este año será ya con esta?
¿Doce? ¿Trece?. Empiezo a pensar que es irremediable evitar esta situación. Mirad que me enfrento a ella veces, mirad que la esquivo, mirad que siempre me pasa lo mismo.
Cuando tienes dos opciones para elegir, una de ellas, dice de joderte para así, no joder al otro, la segunda opción, joder al otro para no joderte a ti.
Cuando ya has elegido la primera opción no se cuantas veces ya durante un año y muchas más en toda tu vida, creedme, cada vez más que salga va a hacer que termine eligiendo la segunda opción.

¿Pero que hago yo escogiendo entre esto?
¿Por qué tienes que ponerme a prueba una y otra y otra vez?
¿No te basta con que sea como soy cada día?
¿No te bastan esos pequeños detalles que son precisamente los que más cuesta conseguirlos?
¿Cómo puedes ser tan poco consecuente?

En noches como esta, en serio, que la tierra te tragase sería lo mejor que desearía que te pasase. Cuando todo sale al revés de lo que esperas, no por ti, si no por gente que te importa, gente que comprendes, pero que a la vez te pone en ese compromiso al que tantas veces he tenido que enfrentarme y al que tantas veces tendré que enfrentar.

Posiblemente mañana lo piense, y no sea para tanto o posiblemente mañana piense que ya es hora de escoger la segunda opción por primera vez, pues lo que no puedes hacer es querer hacer feliz a todo el mundo sin conseguir antes serlo tú.
No puedes pretender que todo salga como quieras, pero sí puedes pretender que alguien como tú acabe eligiendo contigo la primera opción al menos por primera vez en su vida…



Vivo sometido a una vida que no me deja un respiro. Cuando creo que me quito un peso de encima otro más grande aparece…

La gente sigue impulsándose más por las convenciones sociales que por su propia condición de persona y yo como inconsciente sigo enfrentándome a lo mismo una y otra y otra vez. Quizá debería replantear mis decisiones…pero será más tarde…puede que en otra vida